cuidado con el perro

Quienes corremos en la ciudad, sabemos que las calles son peligrosas y merecen de nuestra máxima atención cuando entrenamos.

Sin embargo, la dureza de nuestros entrenamientos y el cansancio, hace que sea muy difícil reaccionar adecuadamente a simples situaciones como esquivar a un perro o a cualquier otra distracción.

Como este tipo de situaciones pueden ser causantes de una lesión, queremos contarte la reciente experiencia de Meb Keflezighi, maratonista olímpico, que acaba tuvo que cancelar su participación en el Maratón de Boston 2013, por encontrarse lesionado.

Aunque parezca un chiste, Meb Keflezighi decidió no participar de este Maratón a causa de un altercado con un perro, tal como lo relata en su sitio “marathonmeb.com”.

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¿Quien es Meb Keflezighi? 

Meb Keflezighi es un corredor especializado en carreras de larga distancia como el maratón.

Entre sus palmares, vale destacar que es medallista de plata de los Juegos Olímpicos del año 2004 y terminó en cuarto lugar en el Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Su desafortunada “aventura” con un perro

A continuación, te transcribimos el relato de este gran maratonista:

Esperaba que el 2013 fuera un año en especial… me había fijado tres metas para el maratón de Boston este año:

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1. Llegar a la línea de largada saludable;
2. Establecer una nueva mejor marca;
3. Ganar el maratón.

Por desgracia, este año no voy a lograr ninguno de estos objetivos, perdí mucho tiempo de entrenamiento debido a una lesión.

¿Usted podría preguntarse qué tipo de lesión? Bueno, todo comenzó el miércoles 13 de febrero, durante mi medio fondo de 18 millas…faltando sólo 3 millas para finalizar, un perro con correa se abalanzó hacia mí,…me sorprendió con la guardia baja y cuando me moví para evitarlo torcí mi pie.

Seguí corriendo sin pensar que este incidente causaría una lesión grave, hice mi rutina de recuperación normal, baño frío y sesión de masajes en el Centro de Entrenamiento Olímpico.

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Los días siguientes fui capaz de seguir corriendo con normalidad, hasta que cinco días después, empecé a sentir un dolor y rigidez en la zona de la pantorrilla, por lo que decidí tomarme un día libre de entrenamiento y centrarme en lograr que mi pantorrilla mejorase.

Un día se convirtió en dos, que luego se convirtió en tres y cuatro. Volví a correr, pero fue difícil lograr días consecutivos de entrenamiento antes de que la rigidez en la pantorrilla volviera.

Así que ahí lo tienen, dos meses de gran entrenamiento, seguido de un mes de entrenamiento irregular provocado por un incidente con un perro.

Los que me conocen, saben que tengo mi historia plagada de incidentes con perros, y siempre parecen suceder antes de las carreras importantes. He tenido encuentros con perros en Central Park, en mi barrio cuando yo vivía en San Diego, en Creta 10 días antes del Maratón de Atenas, y ahora en febrero antes del Maratón de Boston. ¿Por favor alguien puede inventar una valla invisible portátil, para que los perros mantener su distancia cuando estoy corriendo?

Una de mis experiencias con los PERROS

Corremos en las calles y conocemos los peligros a los que nos enfrentamos en cada uno de nuestros entrenamientos.

Los perros, son hermosas mascotas, pero a veces pueden reaccionar de la forma incorrecta cuando un desconocido corre rápidamente cerca suyo.

Un altercado con un perro, puede ser muy peligroso y por ello debemos estar atentos al pasar cerca de uno.

Ahora bien, entrando en mi historia, durante mi último entrenamiento de fondo tuve un inconveniente con un perro y su dueño.

Faltando sólo 2 kilómetros para terminar el entrenamiento, cansado, con hambre y mentalizado en lo poco que faltaba para acabar, un perro sin correa de gran tamaño -pero cachorro-, se me tiró encima para jugar (o eso pensé).

Al no conocer al perro ni como podía reaccionar, le pedí al dueño que lo detuviera, y así poder correr tranquilamente.

El dueño hizo caso omiso a mi pedido y el perro siguió tirándose encima mío (con gruñidos incluidos), lo que me obligó a detenernos y solicitarle nuevamente al dueño que detuviera a su perro.

Con muy pocas ganas, el dueño tardó aproximadamente 1/2 minutos en hacerlo (una eternidad para un corredor que quiere correr y terminar su entrenamiento). Apenas pude comenzar a correr de forma segura, lo hicimos.

Al comenzar a correr, la ira había eliminado el cansancio que tenía, el aire en mis pulmones entraba y salía con total facilidad y mis piernas se sentían como nuevas.

Al chequear la velocidad a la que estaba corriendo, me di cuenta de que estaba corriendo a un ritmo de 10k, sin ningún esfuerzo y como si recién comenzara el entrenamiento.

El cansancio había desaparecido.

Mas allá del mal momento que pasé con el dueño y su perro, la experiencia me sirvió nuevamente para confirmar que la Teoría del Control Central puede llegar a ser muy acertada y que el poder de nuestra mente es simplemente enorme.

¿Te ha pasado algo parecido?

 

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