Todos tenemos nuestros días buenos y malos, y cómo no somos robots esto se refleja en nuestro rendimiento deportivo cuando corremos.

A veces nuestro estado de ánimo, la climatología, alguna molestia física, el cansancio acumulado o cualquier otro motivo, genera que mientras entrenamos tengamos deseos de abandonar todo y dejar de correr. Ahí llega la duda, ¿que hacer cuando quieres abandonar un entrenamiento?

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EL PROBLEMA

Si realizas un análisis de las veces que has tenido ganas de abandonar un entrenamiento, es mucho mas probable que te haya pasado en entrenamientos duros (fondos, fartlek, series, etc) que en entrenamientos de recuperación donde sueles correr a un ritmo relajado.

Al darnos cuenta que no estamos en perfectas condiciones y ante la mínima impresión de que no vamos a poder cumplir con nuestro objetivo, el primer pensamiento que se nos viene a la cabeza, es: ¿para que voy a seguir corriendo sino puedo cumplir con las metas del entrenamiento?

Si tu respuesta habitual a esta pregunta, es irte a tu casa a dormir, estás cometiendo un error, aún en los peores días puedes sacar provecho y aprender algunas lecciones.

Abandonar un entrenamiento (ni hablar de una carrera), tiene efectos psicológicos muy negativos, ya que, el abandono nos hace sentir mal, genera culpa y nos cubre de mucha negatividad y suele ser el momento donde comienzan a abundar las inseguridades.

En cuanto a los efectos a nuestra forma física, perder un entrenamiento no es el problema ya que poco podría influir, el inconveniente se genera si comienzas a abandonar cada vez que corres.

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LA SOLUCIÓN

La solución ante las ganas de dejar de correr, es no abandonarlo y en vez de esto, modificarlo de manera tal que tu estado físico o de ánimo o la climatología te lo permita.

Al realizar la modificación, sería ideal que lo hagas de manera tal que busques un objetivo similar al del entrenamiento que tenías planificado, por ejemplo:

 – Si tenías que hacer un fondo de 20 km, suele funcionar reducirlo en algunos kilómetros (por ej a 15km) y si te sientes realmente mal como para terminarlo con la reducción, podrías dividirlo en dos intervalos de 7 km con un trote muy suave entre intervalo.

– Si tenías planificado un tempo de 5 km, puedes probar una técnica similar a la anterior, reducir su distancia y dividirlo en 2 intervalos con una mínima recuperación.

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Estos son simples ejemplos y existen muchas variantes de que es lo que puedes hacer. Si ninguna de estas te funciona, aun en el peor de los casos, siempre puedes recurrir a la  reducción de la distancia o la intensidad del entrenamiento.

Vale aclarar, que estas recomendaciones no aplican en caso de una molestia física importante, donde corremos un riesgo cierto de una posible lesión, donde lo mas recomendable sería detener el entrenamiento de forma inmediata.

Imagen”] http://www.flickr.com/photos/thelearningcurvedotca

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