PIES
flickr photo by quapan http://flickr.com/photos/hinkelstone/13453899453 shared under a Creative Commons (BY) license
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Se corre con todo el cuerpo, cada parte participa en armonía para lograr avanzar, desde la cabeza y los brazos hasta los pies.

Pero sin duda, la salud de estos últimos, es vital para desafiar las distancias. Se puede seguir corriendo con una mano rota, con un pie roto, es casi imposible. Por eso, cuidarlos, es cuidarnos como corredores.

Pese a la gran importancia de los pies, demasiados corredores olvidan cuidarlos apropiadamente. A continuación, algunas recomendaciones que esperamos puedan ayudarte.

Al comprar zapatillas es recomendable hacerlo por la tarde o noche, cuando los pies están más hinchados, y ante la duda sobre el talle, elegir siempre el número mayor.

Elegirlas por la comodidad y no por el color; el color se va perdiendo, la incomodidad no. Y recordar que la mejor zapatilla pierde su efectividad si no está bien atada.

De usar calcetines, es importante que sean de calidad, sin costuras gruesas ni bordaduras por debajo del tobillo y no olvidar estirarlas bien al colocarlas: un pliegue es garantía de una ampolla a los pocos kilómetros.

Si se usan plantillas ortopédicas, asegurarse de que el calce sea cómodo. Si bien hay una gran tecnología en ese rubro, ninguna máquina tiene una sensibilidad tan grande como la planta del pie. Si hay una molestia, se le debe hacer saber al fabricante para que la retoque. Previo de usarlas para correr, es ideal una semana previa de caminata cotidiana, para evitar las ampollas.

Por último, antes de salir a entrenar, no olvidar el talco en días muy húmedos y calurosos o quienes transpiran mucho en el pie. También la vaselina puede ser útil, para evitar rozaduras, principalmente para largos rodajes o con zapatillas nuevas.

No siempre se entrena corriendo. Una excelente forma de entrenar los pies, sin correr, es caminar descalzo. Mejora la propiocepción, la relajación, la fuerza y la resistencia de los pies, además de mejorar el ánimo.

 

Ya a la hora de correr, no dudar nunca en detenerse ante el ingreso de alguna piedra o espina en el calzado. Ningún entreno, por más intenso que sea, se arruina por parar unos segundos y salvarnos de una ampolla, la cual sí puede arruinar varias sesiones seguidas.

También, de ser posible, evitar sumergir los pies en agua al correr, ya que la humedad excesiva genera más posibilidades de rozaduras y ampollas.

Luego del entrenamiento, secarlos bien y estirarlos descalzo, buscando la relajación de toda la planta. Una buena forma es pisando una pelota de tenis, amasar con la planta del pie, volcando el peso del cuerpo y buscando los puntos más rígidos, hasta lograr destrabarlos.

Después, sumergirlos en agua caliente con sal o bien en agua fría, incluso se puede alternar las temperaturas, para darles la paz que se merecen luego de soportar, paso a paso, cada kilómetro.

Dicen que los pies, son el espejo del alma. Nadie debería tener los pies más cuidados, que quien los disfruta al correr.

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