vacaciones
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Según el diccionario de la Real Academia Española, en su primer acepción “vacaciones” significa “descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios.” Muy pocos tienen la suerte de que les paguen por correr, pero sin duda que el running es una escuela, y también debe tener sus vacaciones.

¿Para qué?

Las palabras clave son dos: descansar y extrañar. Correr cansa, es inevitable, más allá del disfrute o de la moderación, el cuerpo en su totalidad se compromete en una tarea que necesita de una recuperación.

En el corto plazo, en el día a día, entre sesiones de entrenamiento, pero también en el largo plazo, para favorecer la regeneración no sólo muscular, sino también articular y ósea. Descargando al cuerpo de la rutina de entrenamiento se permite recuperar la “máquina” al cien por ciento.

Pero principalmente descansa la cabeza. Es totalmente diferente estar un tiempo sin correr por propia decisión a tener que hacerlo por una lesión, impedimentos de horarios, desmotivación, etc.

La satisfacción de detenerse luego de un ciclo de entrenamiento completo, donde se cumplió con las etapas planeadas, o simplemente luego de un tiempo prudente, es la dicha de la tarea cumplida, el orgullo de alcanzar los objetivos. Así como, luego de las vacaciones, el cuerpo vuelve totalmente recuperado, la cabeza retorna llena de energía para afrontar con decisión nuevos retos.

Y también extrañar, porque no es poco cierto que muchas veces “no se valora lo que se tiene” o “extrañarse aumenta el amor”. Así como la pausa tiene que ser voluntaria, entendiendo el momento justo del ciclo de entrenamiento, también es productivo contener las ganas de volver a correr cuando estas aparezcan. Dejar que se acumulen, que vayan tomando fuerza, para que sean el gran motor al regresar.

A veces la rutina del entrenamiento nos hace olvidar cuanto lo disfrutamos, extrañarlo un poco puede ser muy motivador.

¿Cada cuánto?

Lo idea es hacer una pausa prolongada cada  6 a 12 meses, puede coordinarse en épocas del año con climas más adversos, cuando la competencia es menor o cuando las obligaciones externas complicarán mucho el entrenamiento.

¿Cuánto tiempo?

Una a dos semanas es el tiempo ideal. No se pierde la forma física, pero se aprovechan todos los beneficios que mencioné anteriormente.

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¿De qué forma?

Hay múltiples variantes, desde una pausa completa, sin ningún tiempo de actividad física, hasta introducir algunos pequeños entrenamientos para no sentirse tan duro al regreso. Pasando por aprovechar el tiempo que antes se utilizaba para correr, para realizar otras actividades deportivas: nadar, remar, pedalear o bien cualquier otra práctica individual o en equipo. Lo bueno es que, sea cual sea la actividad, estaremos en forma para practicarla.

Muchas veces estas vacaciones son evitadas por varios temores: desaprovechar lo entrenado, aumentar de peso, perder la motivación, no poder retomar. Paradojicamente, esto es más común que suceda si se entrena indefinidamente que si se realiza una detención voluntaria y controlada. Vacaciones sabiamente administradas mejoran la forma física, aumentan la motivación y nos garantizan una larga vida en el running.

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flickr photo by Jim Larrison http://flickr.com/photos/larrison/7827022208 shared under a Creative Commons (BY) license

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