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En cualquier competición, o incluso durante entrenamientos exigentes, suele haber momentos difíciles.

Puede ser que empeore el clima, los oponentes aumenten su ritmo o que por intentar cumplir con tu objetivos lleves a tu cuerpo al límite de la incomodidad o el agotamiento.

La forma en que reacciones a esos momentos difíciles definirá el resultado de tu carrera o entrenamiento:  superar los inconvenientes y sorprenderte a ti mismo, o  rendirte mentalmente, bajar los brazos y creer que no será un día de grandes hazañas.

En esas encrucijadas, el cuerpo queda a un costado y  la mente suele ser la que decide la historia. Su poder sobre el físico es sorprendente, posee una enorme energía, capaz de frenar al corredor más preparado o potenciar al más débil

Si bien nuestro cuerpo va a responder acorde a los entrenamientos realizados, cuando se intenta llegar al máximo,  es nuestra fortaleza mental la que termina de inclinar la balanza.

Así, cuando la preparación psicológica no es óptima,  es normal que un corredor comience a escuchar una peligrosa voz interior que dice frases como: “va a ser muy difícil”, “no están dadas las condiciones”, “hoy no es el día”, “cuesta demasiado”, “era un objetivo imposible”, “no se puede”.

Justo cuando más se necesita empujar al cuerpo, tirarlo, llevarlo a buscar un poco mas; la mente le suelta la mano y se convierte en tu peor enemiga; la autocrítica se hace feroz.

La voz del mejor amigo

Es justo ahí cuando suele ser muy útil una técnica tan sencilla como valiosa; la denominada “Voz del mejor amigo”.

Esta técnica, simplemente consiste en lograr por un instante ver la situación desde afuera, sin ningún interés en ser objetivo e imaginar que el que va corriendo y está a punto de bajar los brazos, es tu mejor amigo.

Por ejemplo, si el viento sopla fuerte: ¿Qué le dirías a tu mejor amigo? ¿Qué no se puede hacer nada y los ritmos van a caer? ¿O que luche y redoble el esfuerzo que pronto amainará el ventarrón?

Si en cambio son los oponentes los que aumentan el paso e intentan abrir una brecha: ¿Le gritaría que es imposible seguir ese ritmo? ¿O que no se separé de ellos que pronto se cansarán?

Cuando el parcial del kilómetro marca que el ritmo ha comenzado a caer: ¿Qué harías al tener a tu mejor amigo corriendo delante tuyo? ¿Le pedirías que afloje las piernas, que evite el dolor y no busque más inútilmente? o ¿ le jurarías que él puede, que el próximo parcial será mejor y que una gran carrera está aún por terminarse?

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Es importante reconocer que hay aspectos no pueden ser modificados (la genética, el clima, los rivales y hasta los entrenamientos que hiciste o dejaste de hacer).

Por ello, en situaciones adversas utilizar la mente y su poder, nos permite transformar nuestra visión de la realidad para darnos la mayor esperanza posible, lograr aferrarse a esa esperanza como a una certeza y convertir esa certeza en una realidad.

Ya lo decía Henry Ford hace casi un siglo: “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, estás en lo cierto”.

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