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En la mayoría de los países, en algún momento del año, el frío se apodera de las ciudades y de algunos corredores que se niegan a correr con bajas temperaturas.

El frío parece ser la excusa ideal para no correr, pero la mayoría de las veces el problema no es el frío en sí, sino la forma de afrontarlo. Entendiendo como tratarlo, el frío puede transformarse: de un enemigo, en un aliado.

Por ello, para que el frío se apodere de tus piernas ni de tus entrenamientos, a continuación te damos una serie de consejos prácticos que te ayudarán a perderle el miedo.

EL PRONÓSTICO ES TU ALIADO

Antes de salir, de preferencia el día anterior, mirar el pronóstico, para evaluar si, es necesario algún cambio en el plan de entrenamiento, para amoldarse a un día excesivamente duro, o bien cambiar el horario, para aprovechar el mejor momento del día.

Una vez seleccionado el momento ideal, hacer lo mismo con la ropa, quizás la gran clave para disfrutar del frío.

Para los días más fríos son mejores los horarios donde el sol pueda iluminar tus kilómetros; si te tocan días fríos y nublados es importante identificar el mejor momento del día (puede variar).

LA CLAVE ES SABER VESTIRSE

El gran secreto para que puedas correr con bajas temperaturas sin sufrir del frío, es disfrazarse de cebolla: muchas capas finas en vez de pocas gruesas.

Utilizar esta técnica te permite que una vez que elevemos nuestra temperatura a medida que avanza el entrenamiento, puedas sacarte una prenda.

Aunque es una técnica muy efectiva, es importante no exagerar: llenarte de capas de ropa no solo elevará demasiado tu temperatura corporal, sino que te hará transpirar más y correr incómodo.

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Con práctica y experiencia, aprenderás las temperaturas de tu ciudad y cuál es la mejor manera de combinar tu ropa de forma efectiva.

Las manos y las orejas poseen una gran superficie de piel y es muy difícil lograr que entren en calor, cubrirlas con guantes y vinchas o gorros es primordial, también así un cuello para cubrir la boca y nariz del ingreso directo de aire muy frío (especialmente en los días más fríos o ventosos).

Estos abrigos, son muy prácticos para guardar en un bolsillo, mientras corremos, si ya no son más útiles.

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Proteger el pecho y la espalda es importante, y por ello, los chalecos son una alternativa recomendado (de preferencia con cierre adelante, para regular la apertura).

También las calzas, principalmente largas, son ideales en esta época del año, el único inconveniente es que, a diferencia del resto de la ropa, no son tan fáciles de sacar, si entramos demasiado en calor. Y los colores oscuros absorben más el calor que los claros ¡por lo que se ponen de moda en el invierno!


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LA ENTRADA EN CALOR

La entrada en calor debe ser más larga de lo habitual, incluso puede hacerse en parte bajo techo (en tu casa) para evitar el primer choque frío y quizás evitar alguna capa de indumentaria. De empezar en tu casa o en un lugar cerrado, te sugerimos que no sea en un lugar muy cálido, para no sufrir mucho la diferencia de temperatura.

A medida que entramos en calor, debemos evitar transpirar en exceso, sacando ropa si es necesario; el sudor sobre nuestro cuerpo puede ser el peor enemigo, cuando descienda la intensidad del entrenamiento.

El secreto final para transformar frío en un aliado es entenderlo y aprovecharlo. Saber que las bajas temperaturas tienden a ser las mejores para el rendimiento puede ser una motivación extra

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