como salvar

No eres un robot, no todos los días te sientes igual. A veces tienes más energía, otras menos. A veces estás de buen humor y otras tantas de pésimo humor. Algunas veces (ojalá muchas) tienes buenos entrenamientos y otras tantas, pésimos entrenamientos.

Tienes calor, llueve torrencialmente, estás cansado, te ha salido una ampolla, o alguna otra dolencia física, te impide correr como lo tenías preparado.

Los malos entrenamientos son parte inevitable de la preparación de un corredor, seas amateur o profesional.

Pese a lo molesto e irritantes que pueden ser, los malos entrenamientos pueden significar un aprendizaje importante para un corredor.

A continuación te daremos algunos trucos para salvar un mal entrenamiento:

1.- ABANDONAR NO DEBERÍA SER LA PRIMER OPCIÓN

Si realizas un análisis de las veces que has tenido ganas de abandonar un entrenamiento, es mucho mas probable que te haya pasado en entrenamientos duros (fondos, fartlek, series, etc) que en entrenamientos de recuperación donde sueles correr a un ritmo relajado.

Al darnos cuenta que no estamos en perfectas condiciones y ante la mínima impresión de que no vamos a poder cumplir con nuestro objetivo, el primer pensamiento que se nos viene a la cabeza, es: ¿para que voy a seguir corriendo sino puedo cumplir con las metas del entrenamiento?

Si tu respuesta habitual a esta pregunta, es irte a tu casa a dormir, estás cometiendo un error, aún en los peores días puedes sacar provecho y aprender algunas lecciones.

Abandonar un entrenamiento (ni hablar de una carrera), tiene efectos psicológicos muy negativos, ya que, el abandono nos hace sentir mal, genera culpa y nos cubre de mucha negatividad y suele ser el momento donde comienzan a abundar las inseguridades.

En cuanto a los efectos a nuestra forma física, perder un entrenamiento no es el problema ya que poco podría influir, el inconveniente se genera si comienzas a abandonar cada vez que corres.

Abandonar un entrenamiento, debería ser la opción frente a una lesión, o molestia recurrente o en pleno crecimiento; cuando tienes fiebre; o situaciones similares.

2.- MODIFICAR TU PLAN ES MÁS EFECTIVO

Cuando estás teniendo un mal entrenamiento, suele ser recomendable modificarlo de manera tal que tu puedas correr sin sufrirlo.

Al realizar la modificación, sería ideal que lo hagas de manera tal que busques un objetivo similar al del entrenamiento que tenías planificado, por ejemplo:

– Si tenías que hacer un fondo de 20 km, suele funcionar reducirlo en algunos kilómetros (por ej a 15km) y si te sientes realmente mal como para terminarlo con la reducción, podrías dividirlo en dos intervalos de 7 km con un trote muy suave entre intervalo.

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– Si tenías planificado un tempo de 5 km, puedes probar una técnica similar a la anterior, reducir su distancia y dividirlo en 2 intervalos con una mínima recuperación.

Estos son simples ejemplos y existen muchas variantes de que es lo que puedes hacer. Si ninguna de estas te funciona, aun en el peor de los casos, siempre puedes recurrir a la  reducción de la distancia o la intensidad del entrenamiento.

3.- NO ESTÁS PERDIENDO EL TIEMPO

Si te estás teniendo un mal entrenamiento, es importante que sepas que no hay entrenamiento desperdiciado; que no estés rindiendo como pretendías o que no puedas hacer lo que deseabas, no significa que sea tiempo perdido.

La experiencia de superar el obstáculo es una enseñanza muy útil para un corredor. Te servirá para recordar el entrenamiento y saber como reaccionar la próxima vez que te pase lo mismo.

 

 

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